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Nota de la Escuela Campesina en el Mdz

LAVALLE

La primera escuela campesina que busca el desarrollo del productor

Treinta alumnos de diversos puntos de la provincia se reúnen en Jocolí una semana al mes para terminar sus estudios y aprender a abrirse camino para tener la oportunidad de un trabajo digno.
FEDERICO LEMOS federico.lemos@elsoldiario.com.ar
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EN PLENA CLASE. Los alumnos aprenden, compartiendo las experiencias cotidianas.
    En la búsqueda de conquistar las oportunidades de vida y trabajo dignas se creó en Jocolí, Lavalle, la primera escuela campesina de Mendoza. Allí, 30 alumnos de todos los rincones de la provincia se reúnen una semana al mes para educarse, pero, principalmente, para compartir y aprender los unos de los otros. La falta de un futuro económicamente estable es uno de los factores que ayudan al crecimiento de la migración del campo a las ciudades por parte de las nuevas generaciones de jóvenes.

    Pero, el trabajo enorme de un pequeño grupo de personas se afianza cada vez más para revertir esta situación. La Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra (UST), como miembro del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), inauguró hace dos meses el primer ciclo de la escuela campesina que funciona como aula satélite con la modalidad agroecológica del CENS que funciona en la escuela Tito Francia, de Jocolí Viejo.

    Esta comunidad rural es una de las centrales campesinas donde también funcionan una fábrica de conservas, una bodega de vino artesanal, la radio comunitaria Tierra campesina –FM 107.1–, uno de los centros de capacitación informática y un vivero. Diego Montón, representante de la UST, comentó que si bien se les entrega a los alumnos el contenido formal de la escuela, los formatos, es decir, la modalidad educativa que se utiliza, cambian un poco. Aunque están bajo el ala del CENS, están esperando que la Dirección General de Escuelas (DGE) les de autonomía.

    “La escuela es fruto de un largo proceso de lucha y construcción colectiva de las bases de la organización. Tiene como objetivo principal que jóvenes y adultos campesinos indígenas puedan acceder a la educación sin tener que abandonar sus comunidades, al mismo tiempo que se conquistan oportunidades de vida y trabajo dignas. Esta escuela es gestionada por las comunidades campesinas indígenas que forman parte de la UST de Cuyo.

    Cuenta con una modalidad de alternancia, con un tiempo en la escuela y un tiempo de estudio y práctica en la comunidad, con tutores que realizan el apoyo en las comunidades”, explicó Montón. Como la idea de una educación de calidad para el campo no sólo busca generar un espacio de formación y educación, sino también un espacio de reflexión, se conforman distintos ejes estratégicos: soberanía alimentaría, reforma agraria, protección de los bienes naturales, derecho a una vida digna en el campo y justicia social.

ÁREAS. Para debatir contenidos, la organización se ha dividido en distintas áreas como tierra, salud, producción, formación y comunicación. Desde hace un año, cuando surgió la idea de la escuela, se hizo un diagnóstico de la problemática que vivían las personas en el campo. Carolina Araya, del área de comunicación, indicó que la escuela es diferente desde el punto de vista pedagógico porque va más allá de lo curricular.

    “Entregamos contenido que está en el currículo formal, pero, como los alumnos son parte de la organización, el conocimiento se hace en conjunto. Es decir, se valora el saber cotidiano de cada uno para así potenciar las capacidades”, contó Carolina. También entre las educadoras se encuentra Marta Greco, en el área de formación.

    Ella comentó que el proyecto fue visto con aprobación por la DGE, ya que se conoce la realidad de los jóvenes que trabajan la tierra. Durante la semana de cursado se entregan los contenidos de los materiales y se realizan talleres prácticos para debatir las problemáticas de cada sector. “El trabajo es colectivo, comunitario, ese es el objetivo de los talleres como el de producción caprina, chacra y granja y energías renovables”, informó Marta.

DE TODOS LOS RINCONES. Los estudiantes que asisten vienen desde diversos rincones de la provincia como de Lavalle, San Martín, Tupungato y San Rafael. Muchos de los talleres y contenidos también están destinados a fortalecer las cadenas productivas de los territorios de la organización así como a brindar elementos de gestión y organización comunitaria. Verónica Maturano nació en Jocolí pero de chica se fue con su familia a vivir a Ciudad. Hace cinco años regresó a su lugar natal y ahora trabaja en la chacra.

    Ella es alumna pero también participó en la creación de la escuela. Señaló que todo surgió de una necesidad de los grupos donde se discutían hechos de la vida cotidiana. “Surgió para llenar los espacios vacíos del campo. Nací acá y volví con 30 años. Hoy tengo 36 y represento a unas 22 familias de la zona donde vivo en la cual el principal problema es el agua de riego”, contó Verónica.

    El inconveniente en este distrito (Estación) es que el canal Funes, que pasa por ahí, transporta agua que es utilizada por una finca que tiene muchas hectáreas de vid y deja a los pequeños productores sin este recurso. Por otro lado, Araceli Arenas viaja todos los meses desde San Rafael, pero el esfuerzo que hace le sirve para después compartir con todos los integrantes de su comunidad (33 familias) los conocimientos adquiridos en el taller de producción caprina.

    “Iba a la escuela albergue de El Nihuil y mi sueño era seguir estudiando. Se me presentó esta oportunidad y estoy agradecida. Acá aprendo desde qué vacunas tienen que recibir las cabras hasta cómo limpiar los corrales”, relató Araceli. Paralelamente a la escuela funciona La Escuelita, en la que los hijos de los estudiantes del colegio juegan y aprenden para que sus padres pueden estudiar tranquilos mientras los niños también se forman. Luis Marquestai es de Tupungato, esta es su primera semana cursando en el establecimiento.

    Con 23 años, comentó que sólo pudo hacer hasta noveno año en una escuela técnica porque, confesó, se aburría. En cambio, en la escuela campesina descubrió que la buena comunicación entre docente y alumno (estructura que prácticamente se quiere romper) no es tan vertical, sino más bien horizontal. “Estamos entre gente de confianza, con mucha comunicación y nos dan ejemplos cotidianos”, relató Luis.

COMUNIDAD RURAL. Además de la escuela campesina, en Jocolí funciona toda la comunidad rural que cuenta con otros sectores como la fábrica de conservas, una bodega de vino artesanal, la radio comunitaria, un centro de informática y un vivero. Nilda Arce y Graciela Rayes trabajan con otras cinco personas en la fábrica donde realizan la salsa, la embotellan, etiquetan y empaquetan para comercializar.

    Además, hacen dulces de membrillo, damasco, tomate, alcayota y pera. Todos los procesos están aprobados y autorizados por el Senasa. Ambas mujeres ayudaron a procesar unos 11.000 kilos de tomates este año. “Acá hacemos todo, desde cocinarlo hasta embotellarlo. En invierno nos dedicamos a etiquetar y damos una mano donde hace falta”, contó Nilda.

    Por otro lado, Yaqui Mayorga trabaja desde los 13 años en la viña y la chacra. Ahora, con dos hijos y uno en camino, es la encargada del vivero donde se plantan las semillas que luego serán utilizadas por los chacareros para la siembra. Yaqui contó el proceso y la metodología de trabajo que tienen, la cual consiste en entregar los plantines al productor.

    Una vez realizada la cosecha, este le entrega el contenido a la fábrica y cuando se comercializa el producto, se obtiene la ganancia. Ernesto Roland es productor principalmente de tomate. Hace seis meses trabajaba con un patrón y ahora con la organización. “En estos momentos valoro más lo que hago. Cuando el resultado que ves en tu chacra no es tuyo, no lo valorás. Ahora todo cambió”, explicó Ernesto. 

Modalidad agroecológica

   La escuela campesina funciona como un aula satélite del CENS de la escuela Tito Francia, de Jocolí. La modalidad que se les da a los alumnos es la agroecología. Diego Montón, representante de la Unión de los Trabajadores Rurales Sin Tierra en Mendoza, explicó que se enseña que la producción campesina consiste en no usar alimentos genéticamente modificados, tampoco se utilizan agroquímicos ni se fomentan los monocultivos. “Queremos la diversidad de producción. Se está trabajando en el mejoramiento de las semillas, como la del melón, por ejemplo. Lo orgánico es más caro por el tratamiento que hay que darle. Pero nosotros no lo entendemos con la lógica de considerar los alimentos como una mercancía”, relató Montón.

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